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Propaganda y represiones de Rusia se vuelven contra los que las habían creado


Máscaras con los rostros de Vladimir Putin (der.), Yevgeny Prigozhin (centro) y Josef Stalin, a la venta en una tienda de souvenirs en San Petersburgo, Rusia. (AP/Dmitri Lovetsky)
Máscaras con los rostros de Vladimir Putin (der.), Yevgeny Prigozhin (centro) y Josef Stalin, a la venta en una tienda de souvenirs en San Petersburgo, Rusia. (AP/Dmitri Lovetsky)

Los conflictos entre las distintas «torres del Kremlin» continúan, y recientemente se ha observado una tendencia interesante entre ellas: las cosas que las autoridades usaban contra los disidentes comenzaron a volverse contra sus creadores, escribe la Fundación Jamestown.

A mediados de julio, un ex coronel del FSB, el administrador del canal de Telegram Kremlevskaya Prachka (Lavandera del Kremlin, ed.), Mijail Polyakov, fue detenido en Moscú acusado de extorsionar a políticos y empresarios influyentes. Al día siguiente, el tribunal envió al ex coronel bajo arresto por dos meses. Según informes de los medios, enfrenta hasta 15 años de prisión. El canal Kremlevskaya Prachka —administrado por Polyakov— es conocido no solo por la lucha contra «enemigos y rusófobos», sino también por la publicación de odiosos textos antisemitas sobre el «Gobierno Mundial Zeido-Masónico», que provocó la guerra. Sin embargo, esto no es lo único por lo que Mijail Polyakov es conocido.

Un ex empleado del Ministerio del Interior, y ahora un conocido propagandista Serguei Karnaujov, señala con patetismo que Polyakov era el jefe del Servicio para la Protección del Orden Constitucional de la Dirección del FSB en Moscú, y en este cargo «contrarrestó extremismo político y aseguró una lucha ofensiva contra la oposición no sistémica”, en particular con el “grupo criminal de Navalny”. En pocas palabras, Mijail Polyakov fue responsable de la represión de los disidentes, y ahora él mismo está tras las rejas. Este caso es muy similar a la historia de Rusia durante el Gran Terror, cuando muchos empleados de la NKVD —que participaron en las represiones estalinistas— fueron luego reprimidos.

El ejemplo de Polyakov no es el único de cómo el sistema se vuelve contra sus servidores. En canal de la televisión rusa REN TV, se estrenó una película documental propagandística dedicada a Yevgeniy Prigozhin titulada La muerte es nuestro negocio. Es significativo que apareció después de que se supo sobre la reunión «conciliadora» entre Putin y Prigozhin en el Kremlin.

Yevgeniy Prigozhin durante la presentación del proyecto del grupo Wagner en Rusia, 2023. Foto por TASS
Yevgeniy Prigozhin durante la presentación del proyecto del grupo Wagner en Rusia, 2023. Foto por TASS

Sin embargo, la película se mantiene en un tono extremadamente negativo. En ella, Prigozhin es llamado «traidor y apóstata» y acusado de ocultar y malversar fondos presupuestarios, mentir sobre «la falta de proyectiles», tortura, sadismo y crueldad. Los creadores de la película le recordaron al creador del grupo «Wagner» la caza de sus ex combatientes; el secuestro del teniente coronel del ejército ruso, Roman Venevitin; masacres extrajudiciales de «traidores» con un mazo, y también acusaron a Prigozhin de querer traicionar a la patria y huir al extranjero con un nombre diferente.

En general el documental fue creado al estilo de películas «reveladoras» contra la oposición rusa, que comenzaron a aparecer en las pantallas rusas en 2012. El primer producto de propaganda de esta serie se llamó Anatomía de una protesta y, según medios independientes, fue preparado por el mismo Yevgenyi Prigozhin. Ahora las tecnologías de los «materiales comprometedores» —que el creador de la «fábrica de troles» usaba con éxito durante años— se volvieron contra él.

Junto con estos conflictos internos y el desorden en curso en el ejército ruso, Rusia ha acechado problemas con lo que Moscú llama sus aliados más cercanos. En particular, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, —contrariamente a los acuerdos con el Kremlin— entregó a Ucrania a los comandantes capturados del regimiento Azov, que se encontraban en Turquía después del intercambio. La propaganda rusa caracterizó este hecho como una “puñalada en la espalda”.

Recep Tayyip Erdogan. Foto por Reuters
Recep Tayyip Erdogan. Foto por Reuters

En solo unos días, Rusia tuvo un conflicto con Irán. Teherán expresó oficialmente su protesta contra un comunicado firmado por Moscú tras el diálogo estratégico con el Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo Pérsico. El motivo de la indignación de la parte iraní fue el punto en el que los participantes de la reunión expresaron su apoyo a los esfuerzos de los Emiratos Árabes para resolver pacíficamente la disputa territorial sobre tres islas en el Estrecho de Ormuz, que Irán reclama. Como señalan los observadores rusos, la prensa iraní después de eso comenzó a cuestionar la confiabilidad de la alianza con Moscú y a pedir a los líderes iraníes que condenaran las acciones rusas en Ucrania.

Incluso los Estados africanos, que, según los propagandistas del Kremlin, buscan «deshacerse de la dependencia neocolonial» bajo el liderazgo de Moscú, en la práctica continúan haciendo negocios con Occidente mucho más productivo que con Rusia. Incluso los expertos del Valdai Club admiten que el resultado de la cumbre Rusia-África fue la firma de contratos por valor de 12.5 mil millones de dólares, mientras que el indicador similar de la cumbre EEUU.-África es de 55 mil millones de dólares, y el resultado de la cumbre de los países africanos y la UE fue un paquete de inversión por valor de 168 mil millones de dólares.

Un nuevo informe publicado por los expertos del Valdai Club a mediados de julio también señala que las empresas rusas han decepcionado a los socios africanos al no entender cómo trabajar en este continente. Por su parte, los países africanos no estuvieron a la altura de las expectativas políticas de Moscú. Por ejemplo, 30 países africanos votaron a favor de la resolución sobre la integridad territorial de Ucrania y ninguno se pronunció en contra.

La cumbre Rusia-África, archivo. Foto por AP
La cumbre Rusia-África, archivo. Foto por AP

Sin embargo, uno no debe pensar que la sociedad rusa es capaz de notar el constante cambio de paradigma y la designación de amigos y héroes de ayer por enemigos tanto dentro como fuera del país. Un cambio tan radical de narrativas se practicaba antes, pero no provocó disonancia entre los consumidores de propaganda.

Por ejemplo, en 2011, se estrenó en la televisión rusa una serie de películas documentales, El Padrino, que expuso los crímenes de Alexander Lukashenko, pero esto no impidió que la mayoría de los rusos percibiera al dictador bielorruso como el aliado más cercano de Moscú. Y ahora, en el contexto del estrés causado por la guerra, los sociólogos notan cada vez más el hábito de los rusos de tomar todos los eventos como un hecho, sin analizar la información entrante. A pesar de esto, la amarga lucha dentro del país y la inconsistencia en las relaciones con los aliados pueden debilitar la posición de Rusia, y Ucrania, al igual que los países occidentales, debería aprovechar esta situación.

Artículo publicado con el permiso de Jamestown Foundation

Traducido por StopFake

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